¿De qué hablamos las mujeres cuando nos juntamos?

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Las mujeres nos reunimos a hablar desde que somos niñas. “Tarde de chicas”, dicen algunos de manera peyorativa o superficial. Lo cierto es que con el tiempo nuestros encuentros son mucho más populares socialmente e importantes para nosotras.

Quizás los hombres no piensen mucho en estos asuntos o ven nuestros encuentros como accesorios femeninos porque ellos siempre se han reunido en las tabernas, en las ágoras, bibliotecas, parques, calles, billares, aulas, entre otros lugares, y desde allí han planeado para bien y para mal el destino del mundo en el que vivimos.

Nuestros avances han estado atravesados por la capacidad que hemos tenido para reunirnos a compartir sueños, planear estrategias, chismear, llorar un poco, reír mucho, escuchar consejos, recibir regaños o regañar de vez en cuando. En mi experiencia personal, el encuentro con mis amigas mujeres ha sido un espacio reparador y de empoderamiento: en su compañía he tomado importantes decisiones.

Algunas teóricas feministas se han referido a estos encuentros y han intelectualizado al respecto, destacando como la sororidad o la búsqueda de la autonomía son las consecuencias de las reuniones entre mujeres. El cine sí que ha explorado sobre estas reuniones en algunas buenas películas que nos reflejan o inspiran y a las que a veces acudimos en caso de problemas. Este texto es más el recuento superficial y anecdótico de qué pasa cuando estamos juntas. Para escribirlo le he pedido a mis amigas que me cuenten desde sus vivencias y miradas de qué hablan cuando se juntan. Algunas me ayudaron en el pedido y los resultados no pueden ser mas bellos. Las frases o palabras que están entre comillas son ideas fundamentales que retomo de sus argumentos. Coincidimos en todo.  Acá van las anotaciones.

Antes que nada, hablamos de “las caídas y de cómo nos reinventamos”. Y no es para menos, ser mujeres incluso en la era en donde muchas somos feministas, tenemos autonomía, elegimos cómo vestirnos o con quién dormir, sigue siendo difícil. La experiencia está atravesada por la edad (no es lo mismo ser niña, tener 20, 30 o 40 años), por los logros alcanzados en materia no solo profesional sino también emocional, por el aspecto físico: ser etiquetadas como “socialmente bellas” o no y muchas otras consideraciones; por como los jefes que dudan de nuestras capacidades te callan en una reunión o te miran más de la cuenta; por la amiga o el amigo que te traiciona o te hace una mala jugada, por la familia que te presiona y te pide cosas que nunca harás -en el caso de algunas, que te cases o tengas hijos-; por el novio o marido infiel, por los sueños aplazados, por las acciones incomprensibles del ex o por la repentina discusión con alguien importante.

Caerse puede llegar a ser fácil y ante eso, lo que queda es convocar a las amigas y reinventarse de nuevo, entender y a veces justificar a aquellos que propiciaron tu caída y seguir como si nada, siempre con precaución.  

Sin duda, muchas tienen dobles cargas -especialmente las que son madres- y la cotidianidad suele ser agotadora. El encuentro entre mujeres y sus charlas es “una catarsis”. Allí hablas de lo mal que va tu hogar y de lo que no va bien en general, del amor, el desamor, el desorden, la confusión, el sexo o la falta de él, los temores, las inseguridades y todo aquello que nos perturba. El encuentro entre mujeres “puede suplir la visita al psicólogo o al psicoanalista”. Desahogarse y escuchar los otros puntos de vista es bastante sanador y un abrazo grupal la mejor medicina para volver a esa agotadora cotidianidad.

El cuerpo de las mujeres y sus ciclos siempre será un tema de conversación: “La salud femenina, los periodos menstruales, los cólicos, los senos, los ovarios”. A menudo, la forma en cómo interactuamos con los demás refleja la fase de ese ciclo en el que estamos, y parte del éxito en nuestras relaciones de parejas, especialmente con los hombres, dependen de su capacidad de asumir naturalmente estas circunstancias.

Cuando hablamos de nuestra salud y ciclos, compartirnos historias, recetas, medicamentos naturales y descubrimos cuán diversas somos, cómo estos periodos nos afectan de manera diferente y cómo reaccionamos ante los estímulos superficiales. Infortunadamente, estos ciclos han sido referenciados por la mayoría como eventos caprichosos y desdichados, desconociendo nosotras mismas las posibilidades de conexión e intuición que olvidamos o perdimos en el largo camino del tiempo y del proceso evolutivo.

Y las amigas también hablamos del episodio amoroso, de aquellos chicos que llegan a nuestra vida, nos hacen felices o nos rompen el corazón. En el caso del desamor, la compañía de las amigas garantizará “un buen olvido”. Acá pueden llegar otros accesorios “como el alcohol y la buena música que siempre acompañan la velada”, lo importante es ser escuchadas y amadas por las amigas, aunque en el fondo sepamos que el tiempo hace lo que tiene que hacer.  Las crisis de pareja, las fórmulas para salir de ellas, las infidelidades, “cómo vivimos la sexualidad”, el cuerpo y la vida emocional en general hacen parte de nuestras conversaciones, allí nos vemos reflejadas en las otras historias, encontramos apoyo y algunos buenos consejos.

Los temas emocionales se extienden a cómo nos relacionamos con las demás personas: con las otras mujeres, con los hombres, con las mamas, con la familia, la gente del trabajo y los demás círculos sociales; lo sentimental es muy importantes, el “cómo estamos y cómo nos sentimos respecto a las situaciones”.

Las personas como los grupos de amigas tienen características diferentes, pasiones diferentes, formas de comunicar y explicar las situaciones que hacen el relato mas emocionante… y desde luego, nos involucramos en sus sueños y talentos. “El esoterismo, la astrología y el tema oracular” hacen partes de nuestros encuentros. Allí siempre hay alguna experta dispuesta a consultar el oráculo para ayudar a resolver nuestras dificultades o darnos fortaleza. Sus respuestas a peguntas importantes para nosotras hacen parte del ejercicio reparador que necesitamos en ese momento. Los oráculos son el apoyo, parte del ritual femenino, un elemento fundamental para salir renovadas a seguir con nuestras vidas.

Y el popular y controvertido #MeToo o #YoTambién que ha sacado a la luz todo tipo de confesiones en el mundo, se práctica desde hace muchos años en la intimidad de las reuniones entre mujeres. Allí supimos de todo el dolor que han sufrido nuestras amigas, abusos que sufrieron siendo aún niñas o adolescentes cometidos por sus tíos, padres o abuelos; de algún conocido o desconocido que les mostró sus genitales en un rincón y a solas, de las palabras salidas de tono que escucharon en un café o un parque, de los abusos, golpes o gritos de algún novio del pasado, del manoseo en el transporte público. Estas confesiones nos sonrojaron y nos sacaron lágrimas siempre.

También “los proyectos profesionales, metas y trabajo” están sobre la mesa, porque es allí donde crecemos socialmente, porque es allí donde nos fortalecemos financieramente, porque en este aspecto “no solo ganamos dinero, sino también satisfacción personal”. A veces hay decepciones laborales y “el no reconocimiento por la labor ejercida”. Trabajar para nosotras también es un ejercicio que puede o no traernos felicidad, todo depende de que nuestros talentos coincidan con la forma en que ganamos dinero. De todas formas, el trabajo garantiza nuestra sobrevivencia y en el caso de quienes somos madres solteras o separadas, garantiza también las onces de los hijos, la pensión del colegio, la matricula escolar, el helado del fin de semana y todo lo necesario para sacar adelante a una familia.

A mi hija de siete años le pregunté sobre qué habla con sus amigas niñas y su respuesta me conmovió: “De las mamás que son bravas y regañan, de cómo viven en sus casas, de la relación con los otros miembros de su familia y en el caso particular de mi hija, de su nueva condición de hermana menor, de cómo se siente, de la aparición de nuevas frustraciones y cómo ha asumido esta nueva experiencia”. Preguntarle por esto fue un accidente que surgió escribiendo este texto, accidente importante porque obtuve información nueva y vital para nuestra relación y convivencia.

Aunque nadie lo mencionó, he hablado con mis amigas sobre mascarillas y cuidados del cuerpo en general, tendencias, estampados, colores, siluetas y otros aspectos que comunican socialmente quiénes somos o cómo estamos. En mi opinión, diseñar nuestra apariencia es un hecho consciente y divertido que define nuestra forma de estar y participar en el mundo.

Obviamente, hablamos de la nueva película en cartelera, de nuestros gustos musicales y literarios, de la vida política del país, de lo mal que anda la última alcaldía de la cuidad y los demás temas cotidianos que surgen con los días. Lo importante es seguir acudiendo y buscando espacios en donde podemos expresarnos y sentir sin reprimirnos, crecer, recibir y dar apoyo.

Todavía tenemos que ganarnos un montón de espacios sociales y profesionales, todavía se nos juzga distinto por el hecho de ser mujeres, todavía corremos otros riesgos cuando caminamos por esa calle oscura, todavía tenemos menos oportunidades y en ciertos contextos regionales y socioeconómicos esta realidad es más compleja. Si bien reunirnos no modifica la realidad, por lo menos nos da una energía bonita que podemos recargar cada vez que la necesitemos.

Agradezco a Aleja, Mariana, Angie, Lili, Dianita, Caro y mi hija Martina por compartir sus historias conmigo

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