sola por la calle

        Foto: Alexander Suárez Escobar.

 

Me gusta la noche. Me gusta cómo se ve la ciudad de noche. Me cuesta trabajo madrugar y prefiero salir en las tardes a caminar o a hacer casi cualquier actividad. No sé si este es un gusto natural o aprendido, no sé si surgió por la curiosidad de saber qué ocurría en las noches cada vez que me era prohibido (de niña y adolescente) salir a la calle o regresar a casa después de que oscureciera. Recuerdo que me educaron para creer que las noches y la calle solo le pertenecían a los hombres porque de noche las calles están llenas de peligros para las mujeres y, por esa razón no podemos transitarlas, a menos de que estemos acompañadas (ojalá) de algún hombre:

– ¿A dónde vas a ir a esta hora sola?,

– Dile a tu hermano que te acompañe

– Es muy tarde para que andes sola por la calle

– Las calles son peligrosas, sobre todo por las noches y más aún para las mujeres. Además no está bien visto que una mujer ande por la noche sola.

Debo decir que este tipo de cosas no solo se las escuché a personas de mi familia, también las decían en el colegio los profesores y profesoras, las hermanas (me refiero a las monjas) e incluso mis amigas y amigos. A esto le puedo sumar el bombardeo de noticias violentas que ocurrían (ocurren) en el espacio público de noche o a la madrugada y que aterraban a mi mamá diariamente. Así fui naturalizando el miedo a salir sola a la calle cuando oscurece.

La noche es oscura y la oscuridad está asociada con la maldad, y el espacio público no está hecho para las mujeres. Por lo tanto una “mujer buena” es la que está en la casa y no tiene vida nocturna. Esta afirmación parece retrógrada para algunas personas, es más, podrían decir que hoy en día las mujeres ya no estamos relegadas a la casa, que estamos en las universidades, en las oficinas, manejando taxis, gozando del espacio público y de la vida nocturna, pero (siempre habrá un pero) que también somos conscientes de que en la noche roban, violan y asesinan y por ese motivo “no hay que dar papaya”. Entonces me pregunto, ¿qué significa dar papaya? Caminar sola por la calle después de las 9 de la noche para llegar a casa, tomar un taxi en la calle en vez de pedirlo por teléfono o a través de una aplicación de celular, sacar el celular para recibir o hacer una llamada, vestir minifaldas y escotes, maquillarse los labios de rojo intenso; en todo caso, según el contexto colombiano, la que da papaya, se lo buscó… es la manera más olímpica de lavarse las manos y de culpar a la víctima (en el contexto colombiano hay una tendencia a culpar y no responsabilizar o asumir responsabilidades), de fingir que no es asunto del Estado y de los gobiernos garantizarnos el acceso al espacio público a cualquier hora del día.  Lamentablemente, la culpa es de una cuando sale de noche, camina por el Parque Nacional, usa minifalda y escotes, acepta una cerveza en un bar y, por supuesto, cuando sale con un hombre, como si los hombres actuaran por provocación femenina, una forma más de justificar las violencias y trasladar la responsabilidad a la víctima.

Sin embargo, el espacio privado también es peligroso. Al interior de los hogares, los golpes, la intimidación, la violencia sexual y los feminicidios suceden casi a diario. Nos han advertido sobre los peligros que enfrentamos las mujeres por ser mujeres en la noche o en la calle, pero nunca nos advirtieron de los peligros que debemos enfrentar en el espacio privado. ¿Por qué? Porque así como hemos naturalizado el miedo a la oscuridad y a la calle, también consideramos “normal” las violencias en el espacio privado. Nos enseñaron que lo que nos pasa es producto de no comportarnos como debemos, de no respetar las advertencias, de querer trasgredir lo establecido.

El caso de Rosa Elvira Cely es emblemático porque sufrió todos los tipos de violencia y movilizó al país de manera histórica, permitiéndonos contar hoy con la ley que tipifica el feminicidio como un delito autónomo * . Aunque recuerdo bien que este feminicidio, así como indignó a muchas personas en el país, también fue juzgado por la mayoría de medios de comunicación con titulares que cuestionaron la vida personal de Rosa Elvira. Escuché en más de una ocasión cómo las noticias que justificaban el actuar del victimario eran replicadas en las calles. En los últimos días, Rosa Elvira (su memoria) fue señalada de nuevo por salir de noche.

Es indignante que a pesar de que exista una ley que lleva su nombre y encarna la lucha de muchas personas por hacer valer nuestro derecho a vivir una vida libre de violencias, algunas personas (quiero creer que son algunas) sustenten una defensa jurídica en juicios de valor que desestiman los derechos humanos de las mujeres. ¿Seguirán los gobernantes de nuestro país replicando los modelos hegemónicos machistas para trasladar la responsabilidad a otras personas?

Yo quiero salir a la calle, salir de noche sin sentir miedo, yo quiero tener la libertad de vestirme como quiero sin sentir temor porque podrían atacarme, yo quiero sobre todo saber que entiendes mis derechos, entiendes por qué los exijo y entiendes porque es inadmisible decir que “yo me lo busqué”.

*El delito autónomo «advierte que está prohibido asesinar a una mujer por el hecho de serlo o por su identidad de género o en las circunstancias que definió el legislador y que, si eso sucede, su conducta le acarreará una pena de prisión» .
Fuente: http://www.ambitojuridico.com/BancoConocimiento/Educacion-y-Cultura/sobre-el-feminicidio-como-delito-autonomo

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