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El pasado 14 de Julio, El Espectador dio a conocer la presunta violación a una trabajadora sexual por parte de seis jugadores del equipo Independiente Santa Fe. Este grave hecho fue titulado como La fiesta sexual por la Superliga de Santa Fe. Después fue modificado por Presunto abuso sexual en fiesta por Superliga de Santa Fe.

Aunque varias organizaciones de mujeres y feministas expresaron la gravedad de la situación, acción que “motivó” al diario a cambiar su titular, la mayoría de los medios de comunicación se limitaron a reproducir la información sin contexto, y utilizando mecanismos de invisibilización de la violencia hacia las mujeres, como se puede ver reflejado en el titular del portal de noticias Pulzco.com: Santa fe asesora con abogados a involucrados en presunta violación de prostituta. La palabra prostituta lleva consigo un estereotipo social negativo e indirectamente responsabiliza a la víctima.

Otro de los elementos encontrados es la utilización de lugares comunes, los cuales introducen una dosis de frivolidad y una justificación encubierta del hecho:

“Los 5 jugadores cristianos de Santa Fe que se salvaron por no ir a la escabrosa fiesta” (Las 2 orillas)

Ninguna de las noticias hasta ahora publicadas ha dado cuenta de la gravedad de la situación, ni las consecuencias legales que esto traería a los futbolistas, por el contrario, algunos periodistas deportivos solo han hablado de los millones que pagó el club deportivo para “arreglar” el asunto, dejando sin nuevas contrataciones al equipo para los próximos torneos.

Adicionalmente las directivas del equipo en su comunicado de prensa también justifican la acción utilizando un doble discurso basado en la definición de espacio público y privado, olvidando que la violencia hacia las mujeres es un asunto público: “Consideramos a la mujer como el ser más sagrado del universo, el eje central de la sociedad y condenamos cualquier acción en contra de las mujeres, proveniente de una persona vinculada a la institución o de cualquier persona”. Sin embargo un ítem más abajo manifiesta: “Las acciones de las personas son individuales y la responsabilidad de hechos por fuera de la ley es personal, en los eventos en que ello suceda”.

Es necesario enfatizar que la separación entre lo público y lo privado lo único que permite es seguir alimentando la errónea noción que toda acción violenta hacia la mujer excluye la responsabilidad social por pertenecer al ámbito privado; estas conductas hacen parte de un problema social, es decir lo llamado privado hace parte de lo público.

Aunque la Fiscalía no ha dado ninguna respuesta, y los hechos no se han desmentido o ratificado, la Red Colombiana de Periodista con Visión de Género sigue trabajando para que los medios de comunicaciones, los y las periodistas no olviden que la información puede alimentar las creencias basadas en estereotipos sobre las relaciones entre hombres y mujeres o, por el contrario, aportar al conocimiento de la realidad si se cuenta con las estrategias adecuadas para cubrir e informar los casos de violencia contra las mujeres. Estos casos deben ser comunicados como una problemática que afecta la vida de ellas, y cuya transformación implica un trabajo colectivo.

Para poder avanzar y erradicar en Colombia los diferentes tipos de violencia que a diario sufren las mujeres es indispensable que los medios las reconozcan como sujetas de derecho y así mismos apoyen la garantía del derecho a una vida libre de violencia para ellas.

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