“Sobre su problema personal, nosotros no tuvimos información concreta, más allá de lo que ha aparecido en los medios“. Estas fueron las palabras de José Pékerman, técnico de la selección de fútbol de Colombia, cuando le preguntaron por su decisión de convocar a Pablo Armero, el futbolista que -para quienes no lo recuerden- fue detenido el año pasado por maltratar a su pareja. Para ser más exactos, le intentó cortar las extensiones del pelo porque ella no quería tener sexo con él.

Qué indignantes y miedosas son las palabras de Pékerman en un país que ha padecido de forma tan cruda la violencia. La indiferencia por lo que le pasa a las demás personas y la pereza para ver más allá de nuestras propias narices han sido el caldo de cultivo para los crímenes más atroces.

Foto tuit de andrea Guerrro (1)

Para él la violencia contra la mujer es un problema personal, ante la cual no tiene, al parecer, ningún deber. La postura del director de la Selección Colombia remite a expresiones como “la ropa sucia se lava en casa”, que en muchas ocasiones ha sido una estrategia para ignorar graves delitos contra la mujer.

La Selección Colombia es una plataforma que permite a los jugadores convertirse en modelos a seguir de niñas, niños y jóvenes. Sin embargo, como si se tratase de la premisa de Maquiavelo: “el fin justifica los medios”, lo que parece importar aquí son los goles y no que un maltratador represente al país. Lo más preocupante es que muchas personas piensan como él.

Basta ver que en Twitter, mientras las selección de fútbol colombiana enfrentaba a Bolivia, se posicionó el hashtag #PabloArmeroEsUnGuerrero. Sí, ahora a los maltratadores de mujeres, como Armero, les llamamos guerreros. ¡Por favor, las cosas por su nombre!

Necesitamos entender que la violencia contra la mujer, además de ser un asunto de salud pública, no es un “problema privado o personal”, nos compete a todas y todos. Existe algo llamado sanción social y para eso no se necesita ser juez o jueza. Se necesita parar un momento y ser conscientes de lo que la violencia está generando en nuestro país y en nuestras vidas.

Como si fuera poco, a la periodista deportiva Andrea Guerrero, que fue enfática en rechazar la convocatoria de Armero y la violencia contra la mujer, la llaman puta, le desean que la violen y la amenazan de muerte. Si ser una persona libre, que denuncia la violencia hacia la mujer a pesar de yugos patriarcales, es ser puta, pues que así sea: me declaro una puta que defiende los derechos de las niñas y de las mujeres y que lucha, día a día, porque vivan una vida libre de violencias.

El mundo está plagado de brotes de violencia y el machismo está más vivo que nunca. Ojalá también nos pongamos la tricolor para rechazar la violencia contra la mujer y para comenzar a educar machitos que entiendan que haber nacido con un pene entre las piernas no les da súper poderes para hacer lo que se les dé la gana con el cuerpo y la vida de las mujeres.

 

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