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El covid-19 no discrimina pero la sociedad en que este existe si, fue la expresión que sugirió la filósofa Judith Buttler en un artículo publicado el 19 de marzo de 2020, y aunque es claro que el nuevo coronavirus puede afectar a cualquier ser humano independiente de su edad, país de origen, etnia; se va confirmando que las mujeres en un país como Colombia pueden verse aún más afectadas por motivos sociales. La feminización de la pobreza, los trabajos de cuidado feminizados y las violencias machistas, son tres situaciones que lo comprueban.

Las más pobres de los pobres

Así ha quedado en evidencia en múltiples estudios desarrollados por instituciones académicas y transnacionales desde hace unos cuarenta años aproximadamente, y es que las mujeres son las más pobres de los pobres alrededor del mundo, esto sucede en gran medida porque ellas se sitúan en la parte más baja de la cadena de la desigualdad económica, entre las razones, se encuentra “la división sexual del trabajo que hace que las mujeres al tener que encargarse principalmente de las tareas de cuidado, no tengan la misma disponibilidad para entrar al mercado laboral y por ende acceder a los empleos mejor remunerados y trabajo formal”, explica Natalia Moreno Salamanca, economista y magíster en estudios de género de la Universidad Nacional de Colombia.

En el nivel de informalidad, las mujeres participan en una mayor proporción, entre noviembre de 2019 y enero de 2020 el DANE las situaba en una ocupación de informalidad de un 48.5%. A esto se suma que el trabajo de cuidado remunerado que está en el mercado laboral, es menos valorado económicamente. Los anterior, sin hablar de la tasa de desempleo del 15.1% que rondaba a las mujeres en el primer trimestre del año 2019 y que representaba una brecha superior a la de los hombres.

Por ello, y ante la emergencia por la pandemia, Natalia considera que “deben haber criterios de focalización con enfoque de género para las ayudas económicas que los Estados están entregando, porque efectivamente los trabajos más vulnerables en esta pandemia, donde también hay hombres, la mayor participación es de las mujeres”. Lo que puede ayudar a corregir una antigua brecha que se agudiza ante la pandemia.

Y al cuidado y la salud ¿quién los cuida?  

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Aunque algunos sectores donde participan las mujeres de manera preponderante como el de hotelería y turismo se han visto afectados por la disposición del aislamiento preventivo obligatorio, en la mayoría de trabajos de cuidado y servicios, que son trabajos feminizados, las mujeres son las que están en la primera línea de contención del virus, ellas se encargan en gran número de la limpieza de las zona comunes de los edificios habitacionales, de los sectores económicos que siguen activos y del espacio público (calles y transporte masivo), están en las farmacias, supermercados y como lo expone la Política Nacional de Talento Humano en salud publicada en 2018, conforman tres cuartas partes del personal de atención en salud en el país.

Minsalud clasificó su presencia de la siguiente manera: “salvo en medicina, en todas las profesiones y ocupaciones de la salud se observa una mayor proporción de mujeres, siendo particularmente alta en el nivel de auxiliares”.

Las mujeres en este sector de la atención en salud pueden estar sobrellevando un daño superior por el hecho ser mujeres, pues además de su alta presencia en el talento humano en salud, “la precarización de las mujeres es mayor que las de los hombres, por tipo de trabajo, por jornadas de trabajo, por salarios y por cargos”, destacó la profesora María Carolina Morales Borrero, Odontóloga formada en Salud Pública e integrante de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social.

Teresa Martínez * es auxiliar de enfermería hace 14 años y en el hospital donde trabaja tiene turnos de 12 horas, en sus cálculos “son más o menos 192 horas mensuales dependiendo del mes”.

Pese al llamado general de la necesidad de dotación para hospitales y personal expuesto al covid-19, “las medidas que se han tomado son más personales que por parte de la empresa, es más preocupante porque no hay insumos para trabajar” comenta Teresa.

El 3 de abril fue conocido el plantón que el personal de salud realizó a las afueras del Hospital San Francisco de Asís en Quibdó, la capital del Chocó uno de los departamentos con las condiciones más precarias para la atención en salud a nivel nacional. En un video difundido en Twitter puede apreciarse que tanto la vocera como la mayoría de las personas que la acompañan son mujeres que además de la falta de insumos y elementos de protección para contener este coronavirus, denunciaban que se les adeuda 5 meses de salario.

Desde esa fecha no han parado los plantones a las afueras de hospitales, máxime cuando fue confirmado el primer caso positivo en Chocó, precisamente de una enfermera, mismo momento en el que a causa del covid-19 se divulgaron las primeras muertes de médicos que estaban atendiendo la emergencia.

En una encuesta nacional realizada a principios de abril por el Colegio de médicos sobre “Condiciones de Bioseguridad y ruta de atención de pandemia SARS COV2-COVID19”, se concluyó que se carece de máscaras N95 en un 87.7%, de gafas de protección en un 77.5%, de escudo facial en un 89.1% y de trajes de bioseguridad en un 92.7%.

La casa es un peligro

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Si hay algo que quedó comprobado al mejor estilo del coro “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”, del performance que se esparció por el mundo en 2019, es que aunque no lo hubiéramos querido ver o entender, el lugar más peligroso para las mujeres ha sido su propia casa.

“Está claro que en este momento no estamos donde no deberíamos estar porque estamos en nuestros hogares, no estamos con la mala compañía porque estamos con nuestros seres queridos y aún así la violencia ha aumentado, efectivamente los hogares son desafortunadamente los lugares más inseguros para las mujeres y los agresores son personas cercanas como los familiares, parejas, exparejas, y efectivamente la casa, el lugar más común y de mayor ocurrencia de la violencia”, comenta Natalia Moreno Salamanca.

Durante la cuarentena, que inició en todo el país el 24 de marzo (aunque empezaron algunas ciudades como Bogotá y departamentos como Antioquia desde el 20 de marzo), y se prolongará por ahora hasta el 11 de mayo, aunque se han reducido todo tipo de crímenes, entre ellos el homicidio y el hurto (este último ha caído entre un 80% y un 90%), al parecer se ha aumentado la violencia en contra de las mujeres, o por lo menos las llamadas realizadas a líneas nacionales y locales dispuesta para la atención o denuncia.

En rueda de prensa realizada el 6 de abril de 2020, la Fiscalía General de la Nación reportó en dieciséis días de aislamiento (entre el 20 de marzo y el 4 de abril de 2020), 12 casos de feminicidio (a la fecha de publicación de este artículo iban ocho casos más) y 578 llamadas para denuncias de violencia basada en género. La Policía Nacional a través de la línea 155 exclusiva de atención y orientación sobre violencias hacia las mujeres, registró en sólo cinco días de quedarse en casa (25 al 29 de marzo) 3.376 llamadas.

Para la ciudad de Medellín, la segunda más grande de Colombia por número de habitantes, la línea 123 Mujer recibió 1.432 llamadas entre el 20 de marzo y el 7 de abril, cuando en el mismo periodo de tiempo en 2019 se presentaron 684, es decir un aumento del 47.7% para la primera fase de la cuarentena.

Las entidades encargadas de atender las situaciones de violencia que se presenten en contra de las mujeres están prestando servicios de manera virtual y en casos que lo exija, se realiza una atención presencial. Adriana Herrera Beltrán, procuradora delegada, explicó en la citada rueda de prensa que, en una encuesta realizada a las 1.273 Comisarías de Familia del país -diligenciada por el 49.88% de ellas-, se indica que el 86.4% está garantizando la atención 24 horas y 7 días a la semana en un 73% en modalidad virtual. Sin embargo, y aunque señala el uso de medios y tecnologías por parte de las comisarías para el desarrollo de esta actividad, no ocurre lo mismo por parte de la ciudadanía que no tiene el suficiente acceso a las TIC.

Para atender la violencia contra las mujeres en esta emergencia el gobierno nacional ha expedido un paquete de normas, entre ellas el decreto 460 del 22 de marzo “por el cual se dictan medidas para garantizar la prestación del servicio a cargo de las comisarías de familia, dentro del estado de emergencia económica, social y ecológica” y la resolución 595 del 3 de abril “por la cual se determinan los criterios para la asignación y distribución de recursos para la implementación de las medidas de atención a las mujeres víctimas de violencia”.

La abogada Dora Saldarriaga Grisales, Concejala de Medellín del movimiento político Estamos Listas considera que aunque “los decretos son apropiados, requieren más efectividad, por ejemplo, advertir de la captura en flagrancia en estos momentos” llamando la atención que si en la ciudad una vecina o vecino llegase a escuchar algún episodio que refiere al maltrato hacia una mujer que “efectivamente pueda llamar al 123 Mujer y que llegue la policía para actuar”.

Tanto en Medellín como en Bogotá adicional a las líneas locales (123 Mujer) o nacionales de atención de casos de este tipo de violencias (155), se han habilitado otras líneas de información y apoyo por Whatsapp, al identificarse esta como una herramienta ampliamente usada. En Bogotá está abierto el número para Whatsapp: 300 755 18 46 y en Medellín las líneas de Whatsapp: 315 406 41 94 y 321 467 70 71.

Estamos Listas es un movimiento político creado por mujeres, pionero en el país pues es el primero con estas características que obtiene un escaño en un Concejo municipal, una de sus propuestas referidas al tema y que se estaría implementando en la capital de Antioquia, es la instalación de albergues para hombres agresores, esta disposición cambia la modalidad en la que las que salen de sus casas son las mujeres víctimas con sus hijos e hijas. Una medida, que aún se desarrolla en el país incluso en las más recientes normas adoptadas para atender la emergencia por la pandemia, cuando se han destinado 65 inmuebles (de extinción de dominio) como casas de refugio para mujeres víctimas de violencia en Bogotá y otras zonas del país.

Para casos de no atención o mala atención por parte de las instituciones encargadas de la atención y protección de las mujeres, la Procuraduría General de la Nación tiene dispuesta la línea en Bogotá: 587 87 50 y el correo electrónico: auxilio@procuraduría.gov.co

Además, varias organizaciones de mujeres y feministas en el país, han dispuesto de su personal para apoyar a aquellas mujeres que no alcanzan a ser atendidas por las líneas públicas, han generado a su vez despliegue en comunicaciones y protocolos o manuales para el autocuidado en situaciones de inminente violencia.

Las organizaciones de mujeres, sociales y académicas llaman la atención sobre la ocurrencia de las violencias basadas en género y sobre las condiciones materiales y de vida de las mujeres, en quienes culturalmente ha recaído el trabajo del cuidado. Se reclaman políticas en las que el cuidado, por tratarse del centro de la vida misma, por fin se instale en el lugar de importancia que merece no solo para atender la pandemia, sino para instalarlas en el país y la sociedad una vez se logre superar emergencia actual.

Como propone María Carolina Morales Borrero es casi imperativo que “cuando salgamos de la cuarentena no se les pida a las mujeres solidaridad con los demás, sino que se le invite a toda la sociedad a una solidaridad con las mujeres y con las cuidadoras, ese sería el principal cambio en este momento”.

*El nombre fue cambiado por solicitud de la fuente.

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