¿Qué preguntas deberíamos hacernos?

 

Imagine ser víctima de una violación. Ahora imagine que tiene que contar lo que le pasó no una sino doce veces a la justicia de su país. Eso fue lo que le pasó a la periodista Jineth Bedoya, víctima de secuestro, tortura y violación hace 17 años.

El primero de marzo, Jineth tuvo que asistir al juzgado quinto especializado de Bogotá y enfrentar una vez más a su victimario.

A ella la conocí hace unos siete años cuando comencé mi carrera como periodista en ‘El Tiempo’. Fue allí, en la redacción, cuando me enteré de lo que le había sucedido. Me impresionó la valentía con la que contaba su historia y la forma en que convirtió un terrible episodio en una forma de ayudar a otras mujeres que, como ella, han pasado por lo mismo.

A pesar de su pequeña estatura siempre la vi grande y su voz siempre la escuche firme. No en vano, con su campaña “No es hora de callar”, le ha dado impulso a muchas víctimas de violencia sexual para que denuncien y, por qué no, para que cuenten lo que les sucedió como una forma de sanar -si es que eso es posible- las heridas que produce un acto tan cobarde y espantoso como es una violación. Además, ha invitado a mujeres y a hombres a que se unan en defensa de las víctimas.

Sin embargo, el día de la audiencia, la Jineth que conocí parecía otra. Su cara era de absoluto pánico y sus ojos estaban rojos como suelen quedar después de llorar. Sus manos le temblaban. Bajó de una camioneta cogida de la mano del procurador Fernando Carrillo. Ella había invitado a través de las redes sociales a que la acompañáramos para darle fuerzas. Varias personas asistimos, pero el juez decidió que la audiencia no sería pública.

La periodista Jineth Bedoya dando declaraciones a los medios de comunicación al término de la audiencia pública.

La periodista Jineth Bedoya dando declaraciones a los medios de comunicación al término de la audiencia pública.

Este caso debe servirnos para preguntarnos por el trato que reciben de la justicia las niñas y las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia en Colombia. Es claro que en este país las revictimizan; les hace preguntas absurdas del tipo: “¿por qué no denunció antes lo sucedido”, “¿por qué salió o tomó trago con él (el violador)?”, “¿está segura de que no prefiere conciliar (con el marido que le pega)?”.

O, como le pasó a Jineth, les hace repetir su historia y enfrentarse una y otra vez con sus victimarios. Muchas mujeres, al ver esta situación, deciden rendirse. ¿Quién puede juzgarlas? La justicia que debería protegerlas y repararlas les hace más daño. Y, si acaso logran acceder a ella, se encuentran con funcionarias y funcionarios que no tienen una formación que les permitan atender estos casos con enfoque de género. Creo, sin embargo, que el primer paso es comenzar por ser sensibles frente a la violencia contra las niñas y mujeres, pues no lo somos.

Otro fenómeno es la desinformación. Tenemos una ley muy importante, la 1257 de 2008, por medio de la cual se “dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres”. El problema es que muchas mujeres no tienen clara una ruta que les permita acceder a la justicia. Mientras esto siga sucediendo, no podemos esperar que la impunidad que suele presentarse cuando de violencia contra la mujer se trate, disminuya.

Un caso significativo

 

Jineth es una mujer que al hacer público su caso lo convirtió en emblemático, y gracias a ello comenzó a recibir el apoyo de miles de personas. Como lo conté anteriormente, hasta el Procurador la acompañó a la audiencia. Todo eso está muy bien, pero no podemos olvidarnos que como el de ella existen muchísimas historias de las que jamás nos enteramos. Y es que hasta ella misma lo dijo en una columna: “(…) les hago un llamado para que no olviden a las centenares de Jineths que hay en todos los rincones del país y que nunca podrán acceder siquiera a la justicia. Ellas nos necesitan porque les hemos enseñado que No Es Hora De Callar. Ahora no les fallemos”.

Valdría la pena que el Procurador o personas que trabajen en su oficina también acompañen a mujeres que como a Jineth, la justicia les ha dado la espalda. En las regiones deben existir miles de casos. Vayan a buscarlos, que seguro los encuentran.

Este mes se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Debería servir para algo más que un feliz día, para algo más que una rosa, para algo más que una promoción de productos para mujeres en almacenes, para algo más que mensajes de políticas y políticos que jamás se han preocupado por los derechos de las niñas y mujeres, pero que cada 8 de marzo se llenan la boca hablando de ellas. Este mes debe servir para preguntarnos por temas que afectan sus vidas, y uno de ellos es el acceso a la justicia y las barreras que encuentran en el camino. No podemos pensar en un mundo igualitario y equitativo si no existen las garantías para que puedan vivir una vida digna y sin violencias.

Una forma de actuar

 

La organización Women’s Link Worldwide, que utiliza las posibilidades que ofrece el derecho para para promover los derechos de las mujeres y las niñas, tiene una iniciativa llamada los Premios de Justicia y Género al Descubierto, que vigila las decisiones judiciales a nivel mundial que contribuyen en el avance o en el retroceso de la equidad de género. Las primeras reciben garrote de oro, plata y bronce, y las segundas mallete en las mismas categorías.

Este año, entre las nominadas, está como mejor decisión la de un Tribunal Supremo de Tanzania (África) que prohibió el matrimonio infantil. Por otro lado, nominada a garrote está la de una corte en Canadá que absolvió a un taxista acusado de abusar sexualmente de una de sus pasajeras, alegando que como ella se encontraba en estado de embriaguez y estaba inconsciente, no es posible probar que no hubiera consentimiento sexual. ¿Les parece ridículo?, ¿les parece difícil de creer? Esta es la realidad que viven las mujeres en todo el mundo.

Hasta el próximo 21 de abril están abiertas las nominaciones de casos. Cualquier persona puede nominar uno. Y, del 3 al 31 de mayo, comienzan las votaciones. Se puede votar en ambas categorías. Para hacerlo pueden entrar al siguiente enlace: http://www.womenslinkworldwide.org/premios

Una de las tantas formas de actuar es decirles a las juezas y jueces que estamos pendientes de las decisiones que toman y que afectan la vida de millones de niñas y mujeres.

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