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El artículo “Paula, víctima de violencia sexual y un intento de asesinato, exige justicia”, publicada por El Espectador el 25 agosto de 2019, en el que se denuncia la violación de una mujer, un intento de feminicidio y la negligencia de las autoridades policivas al dejar escapar a su victimario, ha sido clave porque intenta sensibilizar a la opinión pública y situar el debate sobre las omisiones de las instituciones obligadas a brindarle protección a la víctima. Pero para la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género es claro que el periodista y el medio de comunicación necesitan mejorar su tratamiento informativo para evitar seguir reproduciendo la violencia contra las mujeres que han sufrido agresiones sexuales.

En la publicación todo parece estar bien: el contexto, las cifras, las voces expertas y el análisis, tanto que incluso el periodista trata de curarse en salud con el lector cuando anuncia que hay contenido sensible, pero no logra el propósito que debería tener una información periodística con visión de género, que es difundir sin daño la violación de una mujer, un intento de feminicidio y la negligencia de las autoridades. Para la Red está claro que el contenido que describe el hecho, resulta una nueva agresión para la denunciante y le hace pedagogía al maltrato y al violador, pues la revictimiza, recrea la violación con detalles, estimula el morbo, y sobre todo en nada aporta al análisis de la situación y tampoco ayuda a las mujeres a protegerse.

El periodista debe adquirir y crear conciencia del daño psicológico que le ocasiona a la víctima cuando en la narración de la noticia describe con detalles el episodio de la violación, como si no hubiese sido suficiente el daño físico que el victimario le ha causado. En la información tiende a relatar la agresión como si le hiciera un favor cuando en realidad multiplica el daño.

Para los casos de asaltos sexuales en contra de las mujeres, el posicionamiento profesional del periodista es el de estar atento para evitar la victimización secundaria o revictimización, de la que ya fue objeto Paula cuando las autoridades no atendieron su denuncia como es debido.

El hecho de que la víctima de violencia sexual le haya confiado detalles de la agresión, no le da derecho al periodista a reproducirlo en la información. Esto en nada la ayuda, por el contrario la estigmatiza y le ocasiona más daño del que ya se le ha hecho.

Para promover el respeto a los derechos humanos de las mujeres agredidas sexualmente no basta con informar, conocer el testimonio de la víctima ni consultar expertos, es preciso también saber cómo hacerlo. Por eso desde la Red invitamos  a los y las periodistas a erradicar la violencia contra las mujeres, tarea que se empieza por cambiar la representación mediática de la violencia de género en la prensa, otorgándole mayor importancia a la víctima y no a la propia agresión y al agresor, así se acabaría el desequilibrio en la forma de presentar estas noticias. 

Para mayor información y con el convencimiento de que “un buen periodismo incluye la visión de género y los derechos de las mujeres”, les compartimos en el siguiente enlace “Aportes para el ejercicio profesional”, de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género (pág 25). Allí encontrará el Decálogo para informar casos de violencia contra las mujeres, que en su segundo punto habla de la importancia de “dignificar el mensaje informativo para evitar mensajes, palabras que reiteran estereotipos de género, cosificación de las mujeres o la apología a la violencia”.

Formar audiencias críticas es responsabilidad social de los medios de comunicación y sus periodistas, pero ello se logra elaborando informaciones de calidad, alejadas de la pedagogía del maltrato, del sensacionalismo y comprometiéndose con la erradicación de la violencia contra las mujeres.

 

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